¿Es posible? Claro que lo es - Parte 2.
¿Donde me quedé? Ah sí, en mi asquerosa fortuna en el amor. Bien, les contaré de la primera chica que amé, y de la que ahora soy amigo, pero aunque las heridas están sepultadas, debajo de la tierra sigue latiendo un corazón...
Ella se llama Daniela, estudia en mi curso y nos vemos a diario. Hace un tiempo eramos unos amigos inseparables, andábamos para arriba y para abajo juntos, nos contábamos todo... En fin, buenos amigos.
Como la mayoría de las veces, siempre uno de los dos amigos se enamora... Y adivinen quién fue. Yo de tonto me ilusioné porque ella me trataba con mucho cariño, pasaron los días y poco a poco me fui enamorando. El cariño creció, cada día me interesaba más en ella como una pareja y ya no como una amiga. Le preguntaba por sus gustos, disgustos, deseos y odios. Hablábamos todos los días por teléfono, era algo que, hasta donde yo creía, iba a surgir como el amor verdadero, como ese que inventan en los cuentos de hadas... Todo era perfecto.
Mi mejor amiga, de la cual les conté en el capítulo pasado... Bueno, ella también era muy buena amiga de Daniela en ese entonces, y me confesó que mi precioso ángel le había dicho que sentía una atracción por mí. Fue suficiente para ilusionarme de tal manera que era imposible sacarla de mi mente. Todos los días un pequeño detalle aparecía en su escritorio de trabajo, ya sea un chocolate o algún dulce, junto con una pequeña nota que decía que yo se lo enviaba y además algún poema escrito. Obviamente ella ya sospechaba que me gustaba, pero no quiso preguntármelo porque era algo que no hacía falta. Pasaron los días y yo seguía centrado en lo que me había dicho mi mejor amiga, 'que ella sentía una atracción por mí''... Eran palabras que flotaban en mi cabeza una y otra vez, algo sencillamente inexplicable e ilógico... Pero bueno, ¿quién puede darle lógica al amor?
Entonces me decidí y reuní el valor suficiente para decirle cuanto la amaba. Su reacción fue de sorpresa, obviamente, ya que aunque lo sospechaba, nunca pensaría que eso fuese verdad. El mismo día no supo qué responderme. Había entrado en una especie de chock, o algo así... Entonces mi desconcierto aumentó, ya que era improbable que si yo le gustaba un poco, reaccionara de esa manera.
Fue el detonante para pensar que debía luchar por ella con todo mi ser, ya que era demasiado tarde para pensar en dar marcha atrás, ya que había inundado todo mi corazón con su dulzura, ternura y cariño. Ahora los detalles eran más caros, las notas estaban impregnadas de un perfume especial, decían esta vez sólo 'te amo' y obviamente que era mía la nota.
Ella... Bueno, al parecer se asustó, o no sé qué es lo que de verdad sucedió. Lo cierto es que llegó el día de su cumpleaños y me gasté todos mis ahorros en un arreglo, que constaba de un peluche, una caja de bombones y unos globos de corazones que decían 'Te amo' y 'Feliz cumpleaños' por todas partes. Era un regalo verdaderamente hermoso... Un regalo digno de dioses, un regalo perfecto. Ella lo aceptó muy agradecida... Ese día me dijo que tenía que hablar conmigo. Ya yo me lo esperaba, pero aún así acepté.
Me dijo que era muy lindo todo lo que había hecho por ella, los detalles, las notas y el regalo, pero que no podía seguir permitiendo que me gastara más dinero en ella, y que debía parar, ya que ella sólo me veía como un amigo y eso no iba a cambiar. En ese momento oí un pequeño 'track' en mi pecho... Era mi corazón partiéndose en dos.
Ella me prometió que seguiríamos siendo amigos como siempre... Pero nunca debemos prometer cosas que no cumpliremos. A partir de ese día se distanció de mi en una forma totalmente extraña. Me evitaba en cualquier lugar y nunca estuvimos solos en la misma aula. Fueron los peores días de mi vida.
Luego que llegaba del colegio lo único que hacía era llorar, me encerraba en mi habitación y apenas comía un bocado. Pasó alrededor de un par de meses, cuando empecé a recuperarme poco a poco, a salir de la agonía porque ya las heridas estaban sanando... Pero muy lentamente, y mientras sanaban, cada vez que la veía ardían como el fuego, aunque me atrevería a decir que mucho peor que eso.
Hoy día somos amigos de nuevo, las heridas ya están sepultadas y nuestra amistad no podría estar más unida que en este momento. Pero con esto aprendí una valiosa lección: 'Nunca demuestres a alguien que le amas si éste no lo hace primero'. Sé que no es una gran lección, ni tampoco un buen consejo, ya que la mayoría de las personas lo único que dice es que debes luchar por lo que quieres... Pero en el amor todo es diferente.
Luego actualizo con la parte 3, señores. Mi vida amorosa no acaba acá. (O debería decir... ¿Mi muerte amorosa?)

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